Archivo de la etiqueta: facebook

ANIMALES PERDIDOS

Algo me empezó a ocurrir aquella misma tarde tras el almuerzo. Armando Amador Marondo, el Señor lo conserve muchos años en la gloria de una energética lata de comida para gatos, fue el único en percatarse. “Vos estás enamorado, pibe”. Y siguió a lo suyo. Aquella era la segunda vez que hurgaba en indiscreciones pantanosas. Lo cierto era que me hormigueaban las manos y un desequilibrio nervioso invadía mis axilas. Como contrapunto, todo presentaba una calma aparente: el mexicano cantaba para Armando, Joe cortaba unas costillas con la sierra eléctrica y Mackenzie aprovechaba para echar una cabezadita antes de salir a hacer la ronda nocturna.
Los miré con distancia. Prefiguré una escena casera en la que comíamos albóndigas sentados en torno a una mesa alargada, bebíamos vino y reíamos con bromas sencillas. Los gatos, paseantes silenciosos, nos acariciaban los tobillos.

Después me encendí el cigarrillo y soplé la cerilla.

“Ha llamado Teresa”, dijo Joe. “¿Qué quería?”. “Dice que la llames, que tiene para ti un… un…”. “Un qué”. “No me acuerdo”.

Salí de la trastienda con cara de pocos amigos.

En el coche, camino del negocio de Teresa, no me sentí mejor. Las manos me sudaban copiosamente. Se me hacía difícil sujetar el volante sin que resbalara en las curvas. Algo me estaba pasando: me habían envenenado desde dentro. Después de la visita no prevista se impondría volver al médico, pero ¿a qué médico?  Las opciones iban menguando y no me sentía con ánimo para pensar en un especialista.

Tampoco estaba de humor para buscar mascotas perdidas.

Pegado al cristal de la puerta de Mi Establecimiento, carnes y derivados, había un cartel de he salido. Otra estrecha puerta lateral servía de acceso a la vivienda del piso superior. Comprobé que estaba abierta cuando me disponía a llamar.

Armado de precauciones, subí despacio las escaleras angostas. Teresa no respondió a mi primera llamada. Tampoco a la segunda. A la tercera, creí escuchar un ligero hilo de voz proveniente del fondo del pasillo.

Allí estaba, en el dormitorio, inmóvil sobre la cama arrugada, en un déshabillé de encaje negro, con la mirada perdida en el techo. Giró la cabeza, me miró fijamente los pantalones y se abrió el salto de cama dejando a la vista su cuerpito de estraza y huesos. Entonces comprendí. Dejé el arma sobre la cómoda. El veneno que me venía intoxicando tenía nombre de mujer. Y me entregué sin resistencia al destino de una pasión deshidratada.

No pude sobrevivir.

Teresa extendió su vara y las aguas se abrieron. Aquella tarde, Teresa me mató, y me mató tres veces, para resucitarme a su antojo todas las que ella hubiera considerado necesarias.

“Joven, cierra la puerta al salir”, fueron las primeras palabras que me dirigió ya entrada la noche.

En el coche, de vuelta a la carnicería de Joe, me sorprendí cantando.

En aquel momento sólo podía pensar en lo molesto que me resultaba el mexicano.

Etiquetado , , , , , , , , , , ,

OUTSIDERS

No tengo un facebook.

Habría que explicar qué significa exactamente esto. Sus implicaciones. No tanto para facilitar la comprensión a generaciones futuras ante el dudoso descubrimiento de este material sensible– tras la hecatombe–, inestimable herramienta para el desarrollo de una novísima teogonía, como para el conocimiento del hombre antiguo –cuando las generaciones futuras, desconocedoras del significado de red social, encuentren dónde poner la equis en la ecuación agujero negro/agujero de gusano– de las ramificaciones de la soledad.

¿Qué es tener un facebook? Adviertan lo retórico. Bajen esos dedos que apuntan hacia el cielo como si quisieran indicar que sólo Dios lo sabe, cuando en realidad pretenden indicar que ustedes creen saberlo.

Me puedo hacer el duro .

(improvisación)

El verdadero hombre del lado de afuera, esto les resultará familiar, no está dentro de ningún Sistema y, por lo tanto, no está dentro del Subconjunto Sistema’, por más que éste se hiciera llamar Antisistema.

¡Falacia!

El outsider no puede evitar formar parte, al menos, de un conjunto de un solo elemento: el propio outsider –al que llamaremos conjunto de Marcus o sistema de Marcus, por el puro capricho de personalizar– y más teniendo en cuenta las necesidades del elemento Marcus del conjunto Marcus de establecer relaciones de correspondencia exhaustivas y multívocas. Formas de subsistencia o de confirmación de que soy, luego lo que les parezca. No puedo permitirme la exigencia. No tengo un facebook.

Y así tenemos al conjunto Marcus y al conjunto Facebook caminando por el universo sin chocar entre sí, algo que a primera vista parece improbable porque el segundo engorda exponencialmente. A no desanimar. No todo está perdido: el universo sabe expandirse y el conjunto Marcus, igual al elemento Marcus, contraerse como un contorsionista en una maleta, apoyado por el frío, fiel reflejo de la soledad. Los antiguos sabrán entender bien estas imágenes. Incluso, yo mismo, si me relajo por unos instantes, podría llegar a pensar que el elemento Marcus podría llegar a pensar que, dentro del supraconjunto facebook, cabría la esperanza de encontrar minúsculos conjuntos perdidos, análogos a planetas a los que desacreditar sumándoles el apellido enano. Conjuntos enanos dentro del sistema. Lo que permitiría al elemento Marcus llegar a la conclusión de que siempre hay quien está peor que uno: otro. Pero estas digresiones no siembran más que la confusión y el hombre antiguo empieza a perderse antes de montar en la nave y dirigirla al siglo XXI.

No tengo un facebook. Facebook es un nido de solitarios. ¡No se me echen encima! ¡Apártense y déjenme respirar! Una reunión no muy distante del grupo de catequesis, del club de lectura, de solteros anónimos. ¡Apártense, he dicho! Está bien, mejor. Concederé que:

  • Puede que nunca sepa lo que es compartir, un muro (piénsenlo “compartir un muro”) inexistente con amigos desconocidos a los que les gustarán mis fotografías (soy bello) o mis ocurrencias (soy ingenioso) y me lo harán saber: ¡bajen esos dedos, por todos los dioses!
  • No compartiré el placer de reírme del-por el-con el-a cuenta del-sin que se de cuenta el prójimo públicamente en la distancia (soy revirado).
  • Jamás recolectaré miles de followers, perdiendo de antemano cualquier posibilidad que garantice mis quince megas de ego (soy un tahúr).
  • No me acosarán las mujeres.
  • No me acosarán los hombres.
  • No me enzarzaré con familiares y vecinos en discusiones estériles cuando los bloquee.
  • No provocaré ninguna guerra mediática.
  • No seré censurado (la mayor de las pérdidas posibles).

No estaré, en definitiva. Y no seré más (ergo seré) que un vagabundo, que un impulso sin rumbo deambulando en un universo de soledades en busca del conjunto vacío.

¡Antiguos, estoy aquí!

Tengo teléfono (sirva esto en mi descargo).

Etiquetado , ,