ATENCIÓN PRIMARIA

He vuelto a ir al médico.

Ir al médico como acto de fe. Aparecer por la consulta sabiendo que él sabrá como por ensalmo qué me pasa, verá en mi interior, oráculo en mano, leyendo mi cuerpo, y llegará a conclusiones desagradables. O no.

Y yo lo creeré. Porque es un hombre de ciencia o porque tiene una bata blanca. Y celebraré su visión de rayos equis cuando diagnostique que lo que me habita es un virus y no una bacteria y me aconseje beber agua porque el agua hay que beberla para depurar y para evitar posibles deshidrataciones, aunque él no sepa cómo verdaderamente funciona el agua y esté en lo cierto.

Y saldré sin receta de antibióticos que no podré conseguir porque en el mercado negro han descatalogado este producto en favor de la cocaína, que parece mejor negocio.

Y tendré que recurrir al viejo Mackenzie muy a mi pesar. Y a la carnicería clandestina de Joe.

Aún no os he hablado de Joe.

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